Sin dudas mi primera palabra es para ti, gran espíritu, a la fuerza que mueve mi vida. A Dios y las Diosas.
A mi madre Beatriz y mi padre Saúl, esa unión sagrada que me permitió la vida.
A mis hijos Alessandro, Fabrizio, Carlos y Alfredo.
A mis hermanos.
A las mujeres de mi clan, a las Martínez, Carvajales, Rivas y Salazar.
A mi tierra amada Ciudad Guayana, que me da siempre la fuerza para ser desde la raíz.
A Elly, Camila y Valeria. Hay otras formas...
A todas las mujeres que se han reunido con mi alma, me han contado sus historias y las que yo les he contado, creando sororidad, en círculo, en magia, es parte de este libro.
A Didiana Martínez, por tomar mi mano y estar en la colaboración permanente para manifestar este libro. Sin ella, no se hubiese escrito. Estaba en mi alma dando vueltas, sin aterrizaje.
A mi esposo, mi guardián, mi compañero.
A todas las que este libro convoque, no es una fórmula. Es un alma femenina llamando a sus hermanas.
Vengo de largas batallas en el campo de lo masculino: hacerme profesional, recorrer el mundo de las conquistas, largos paseos de heroísmo, muchos logros en terrenos liderizados por los hombres. Muchos espacios de silencio, poca voz real, muchas máscaras de supervivencia. Cantidad de deberías y listados de organización. Metas, objetivos y ocultación de la profundidad de mi alma, mi sentir y vulnerabilidad: vengo de terrenos áridos, que dejaron de florecer. De noches tapando sueños, magias, encantamientos, seducción y femenino.
Vengo de allá, de lo masculino herido, que valía si hacía, lograba, se desgarraba. Con el triunfo del cansancio, y con lágrimas desbordadas.
Y llego por ahora aquí, a estas aguas, con una profundidad, con un aprendizaje, con sangre, con alma descubierta, con frases de dolor pero con la abundancia total de la vida. A decir: qué bendición de ser mujer. Qué alegría despedirme conscientemente de mi sangre. Qué regalo este libro. Que tiene un camino para las almas que se atrevan a vivir desde su sangre, aceptando la ciclicidad, el movimiento, lo redondo, lo circular, la hermandad, lo oscuro y lo divino de vivir creativamente y dejar frutos a la tierra. Una posibilidad de letras y emociones para otras mujeres.
En honor a mi sangre, a la de mi madre, a la sangre de las mujeres de mi clan, que tuvieron que esconderla por pena, por vergüenza, por sucia, por inadecuada. Para hoy decir: qué bendición de SER mujer.
Que la productividad la marque tu sangre y que tu camino álmico sea en las profundidades de tus aguas, mujer GranDiosa.